Noticias de Prensa


31 de Mayo de 2009

Secreto a Voces

¡Malpaís!

Sonia Marta Mora

¿Cómo explicar el “fenómeno Malpaís”, si se supone que tanta gente está desencantada e indiferente? ¿Cómo entender esta extraordinaria ola de entusiasmo y goce ante las palabras y la música si se supone que las recetas comercializadas nos han ido erosionando el gusto? ¿Cómo, cómo esos llenazos, esos espectáculos multitudinarios a los que tanta gente acude sin reloj y sin almanaques, sin falsas escaleras ni mezquinas ecuaciones?

Este imaginativo e inquieto grupo de músicos costarricenses derrumba todas las teorías y todos los supuestos. ¿De dónde sale esa fuerza que vibra y contagia, que nos hace olvidar lo prestado para entonar un canto dormido y acunado por todos? La primera respuesta es muy sencilla: de una notable conjunción de talentos, de talentos nuestros. Fidel, Jaime, Iván, Manuel, Carlos y ahora Daniela, y también destacados músicos invitados. Un talento nuestro que bebe de una raíz propia al tiempo que abre sus brazos a los ecos latinoamericanos y planetarios…

La segunda fuente de esta energía contagiosa es la creatividad sin concesiones, la imaginación que no acepta recetas gastadas ni promesas de éxito que traicionen las vigorosas alas de una libertad sin fronteras. Y es aquí donde nace la poesía, el juego travieso y el goce irreverente de ritmos y sones que abren el camino a la experimentación y a la mezcla mestiza y multiforme. En el escenario de Malpaís bailan juntos la marimba guanacasteca y el ritmo de Limón, el rock y los aires celtas y africanos, la cimarrona, los violines, la mandolina… ¿Pero adónde van estos chicos?

Un inmenso y sabroso fresco de la diversidad geográfica nacional y de sus distintas formas de sentir. Canciones por las que desfilan los amores y desamores, los atardeceres nicoyanos, nuestra agua y los emblemáticos aguaceros, y también la niña josefina que vende besos en la Soledad, el lamento por un Guanacaste desconocido con rótulos en inglés o el dolor de quienes venden su terruño. Tampoco falta la queja ante la traición del olvido: “señor juez, yo no recuerdo/ si me dieron comisión,/ qué fácil llega el perdón/ de la mano del olvido…” Y al mismo tiempo, una puerta ancha a la realidad internacional observada desde la mirilla crítica de observadores sensibles y empapados de ricos contextos culturales. Una extraordinaria canción –aunque todo el nuevo disco me gusta- sobre la realidad planetaria, sus deslumbrantes interconexiones y devastadores riesgos políticos y ambientales: “entre tanta conexión/ nada pasa sin tocarte./Es un juego sin azar: la bomba te va a matar/aunque caiga en otra parte.”

Los verdaderos artistas saben leer su tiempo. También saben llegar a ese corazón escondido de la gente en el que late la sed de identidad, la noble promesa de solidaridad y de justicia. “Un arte generoso el de Malpaís”, me dice mi hija Natalia, una de tantas jóvenes que vibraron con el talento de este extraordinario grupo de músicos, orgullo nuestro.